sábado, 17 de octubre de 2015

TERCIOPELO DE TRIPA





Píramo y Tisbe por Abraham Hondius



Hoy me voy a permitir la licencia de no partir de un clásico greco-latino y más tarde ver su traslación a alguno de los escritores de nuestro Siglo de Oro. Invertiremos el sentido de nuestras indagaciones.

La “Fábula de Píramo y Tisbe” es un difícil, [i] pero al fin divertido poema de Góngora (1618) que relata los amores imposibles y trágicos de dos jóvenes enamorados, precursores de los más conocidos Romeo y Julieta. Está basada en un episodio de las “Metamorfosis” de Ovidio, (Libro IV, 55-166) auténtico florilegio de delicados mitos.

Me ha sorprendido tras su lectura una breve (apenas si un verso) pero jocosa y muy ocurrente metáfora de lo que es un embarazo, la protección que el vientre de una madre ofrece al hijo. Todo ello expresado en solo trece versos de feroces hipérbatos. [ii]



(En este fragmento se nos relata como la madre de la bella Tisbe, asustada de los efectos que su beldad causa tanto en varones como en mujeres, decide recluirla en la parte más retirada de su casa. En este contexto se realiza la espléndida comparación del embarazo).





“Tantas veces de los templos

a sus posadas redujo

sin libertad los galanes

y las damas sin orgullo,

que viendo quien la vistió

(nueve meses que la trujo)

de terciopelo de tripa

su peligro en los concursos,

las reliquias de Tisbica

engastó en lo más recluso

de su retrete, negado

aún a los átomos puros.”


 


 
 PS. Retrete. Diccionario de la RAE. 3. m. desus. Cuarto pequeño en la casa o habitación, destinado para retirarse.


miércoles, 23 de septiembre de 2015

EL SABER (A VECES) DA DOLOR





En los últimos años han aparecido en los medios de comunicación numerosas historias de adultos hoy, antaño niños adoptados, que han removido su pasado hasta poder encontrar a sus progenitores biológicos. Estoy seguro que en la inmensa mayoría de los casos estos reencuentros, estos reconocimientos, han sido felices. Puedo imaginar no obstante que este nuevo saber no sea causa de alegría sino más bien de dolor.
Mostraremos hoy un ejemplo de esto último. 
En la tragedia homónima de Sófocles, Edipo, rey de Tebas, es expuesto en el monte para morir abandonado con sus pies traspasados y ligados. Más tarde es acogido y criado por los reyes de Corinto y cuando, forzado por una peste que asola la ciudad, investiga ansiosamente sus orígenes, no encontrará nada más que un inmenso mar de dolor y sufrimiento.





EDIPO

  

….Mi padre era Pólibo, corintio, y mi madre Mérope, doria. Era considerado yo como el más importante de los ciudadanos de allí hasta que me sobrevino el siguiente suceso, digno de admirar, pero, sin embargo, no proporcionado al ardor que puse en ello. He aquí que en un banquete, un hombre saturado de bebida, refiriéndose a mí, dice, en plena embriaguez, que yo era un falso hijo de mi padre. Yo, disgustado, a duras penas me pude contener a lo largo del día, pero, al siguiente, fui junto a mi padre y mi madre y les pregunté. Ellos llevaron a mal la injuria de aquel que había dejado escapar estas palabras. Yo me alegré con su reacción; no obstante, eso me atormentaba sin cesar, pues me había calado hondo.
Sin que mis padres lo supieran, me dirigí a Delfos, y Febo me despidió sin atenderme en aquello por lo que llegué, sino que se manifestó anunciándome, infortunado de mí, terribles y desgraciadas calamidades: que estaba fijado que yo tendría que unirme a mi madre y que traería al mundo una descendencia insoportable de ver para los hombres y que yo sería asesino del padre que me había engendrado. Después de oír esto, calculando a partir de allí la posición de la región corintia por las estrellas, iba, huyendo de ella, adonde nunca viera cumplirse las atrocidades de mis funestos oráculos.



La plaga de Tebas. Charles Francois Jalabert.