jueves, 5 de febrero de 2026

EL NIÑO EN EL ESTANQUE



Claramente Hijos de la Ira es una obra triste, nihilista, terrible. Dámaso Alonso no da tregua. En su poema El día de los difuntos hay un fragmento terrible en el que se narra el peligro en que se encuentra un niño, un niños que ¿era él mismo?


¡No, no le conozco, no sé quién es aquél niño!
Ni sé siquiera si es un niño o una tenue llama de alcohol
sobre la que el sol y el viento baten.
Y le veo lejano, tan lejano, perdido en el bosque,
furtivamente perseguido por los chacales más carniceros
y por la loba de ojos saltones y pies sigilosos que lo ha de devorar por fin
entretenido con las lagartijas, con las mariposas,
tan lejano,
que siento por él una ternura paternal,
que salta por él mi corazón, de pronto,
como ahora cuando alguno de mis sobrinitos se inclina sobre el estanque de mi jardín,
porque sé que en el fondo, entre los peces de colores,
está la muerte.
(¿Me llaman? Alguien con una voz dulcísima me llama. ¿No ha pronunciado alguien mi
nombre?
No es a ti, no es a ti. Es a aquel niño.
¡Dulce llamada que sonó, y ha muerto!)


domingo, 25 de enero de 2026

INDUCCIÓN A LA TRAVESURA




Anoche me sorprendió la viveza y la alegría de este poema que Don Dámaso Alonso dedicó al hijo del poeta Luis Rosales. Es alegre, feliz , divertido; un canto a la infancia y sus travesuras y maldades. Me ensanchó el alma su lectura.

Los consejos del tío Dámaso a Luis Cristóbal

Haz lo que tengas gana,
Cristobalillo,
lo que te dé la gana,
que es lo sencillo.
 
Llegaste a un mundo donde
manda la chacha,
mandan los mandamases
y hay poca lacha.
 
Caso nunca les hagas
a los mayores.
Los consejos de Dámaso
son los mejores.
 
Tira, mi niño, tira,
si te da gana,
los libros de papito
por la ventana.
 
Cuélgate de las lámparas y los manteles,
rompe a mamita el vaso
de los claveles.
 
¿Que hay pelotón de goma?
Chuta e impacta.
¡Duro con la pintura
llamada abstracta!
 
Rompe tazas y platos.
¡Viva el jolgorio
y las almas benditas
del purgatorio!
 
La mejor puntería
te la aconsejo
si es que se pone a tiro
cualquier espejo.
 
Aún hay más divertido:
coge chinillas,
y con un tiragomas,
¡a las bombillas!
 
Pero ahora se me ocurre
algo estupendo,
donde papá se encierra
vete corriendo.
 
¡Macho, cuántos papeles!
Tú, con cerillas,
vas y a papá le quemas
esas cosillas...
 
¡Verás qué cara pone!
¡Qué gracia tiene!
Anda, sin que te vea,
mira que viene.
 
Vamos a divertirnos
tú y yo, mi cielo.
Es un asco este mundo:
conviene que lo
 
pongamos boca abajo.
¡Es tan sencillo!
Vamos a hacer un mundo
nuevo, chiquillo!

jueves, 27 de noviembre de 2025

EL LOCO DE LA COLINA


Lo cuenta Borrow en su obra La Biblia en España de 1842, interesante libro de viajes por Portugal y España. Encuentro casual que muestra el abandono cruel de los orates en el XIX. Cerca de Elvás.



La torre cuya parte inferior estaba toda maciza...aquel era, evidentemente, el alojamiento de los encargados de vigilar la frontera y de dar la alarma encendiendo hogueras acaso al aparecer los enemigos. Un puñado de hombres resueltos podía defenderse en tan pequeña fortaleza contra asaltantes numerosos, expuestos en la subida a los tiros de la torre. Ya iba a marcharme cuando, detrás de una parte del muro no recorrida por mí, sonó un grito extraño; acudí presuroso y me encontré con una miserable criatura, harapienta, sentada en una piedra. Era un loco, como de treinta años de edad, creo que sordomudo. Clavado en su asiento, desvariaba y gesticulaba, retorciendo su ruda fisonomía en espantables contorsiones. Solo aquello faltaba para completar la escena. Unos bandidos hubieran estado fuera de lugar en tan melancólica desolación. Pero el loco, sentado en la piedra detrás de las ruinas batidas por el viento, contemplando los marchitos chaparrales, sobre los que gravitaba un cielo hosco y pesado, componía un cuadro de tristeza y miseria como no lo habrá concebido poeta o pintor alguno en sus delirios más sombríos. No es éste el primer caso en que me ha tocado comprobar que la realidad sobrepuja a veces a la fantasía.


miércoles, 26 de noviembre de 2025

CAÍDAS Y ANCIANAS


Celestina. Acto XXI escena 4

ELICIA.- ¿Cómo vienes tan tarde? No lo debes hacer, que eres vieja. Tropezarás donde caigas y mueras.

CELESTINA.- No temo eso, que de día me aviso por donde venga de noche, que jamás me subo por poyo ni calzada, sino por medio de la calle. Porque, como dicen, «no da paso seguro quien corre por el muro», y que «aquel va más sano que anda por llano». Más quiero ensuciar mis zapatos con el lodo que ensangrentar las tocas y los cantos. Pero no te duele a ti en ese lugar.