En la Eneida, poema épico, hay momentos tiernos en las comparaciones. Ahora sobre los juegos infantiles.
Como a veces da vueltas y más vueltas al impulso de un vibrante cordel
el trompo volandero que los niños absortos en el juego
hacen dar amplios giros en el ruedo de un pórtico vacío.
Agitado por la cuerda, va trazando una vuelta tras otra
- el corro de muchachos inclinados sobre él se pasma boquiabierto del misterio
del girandero boj-, el cordel le sigue dando bríos...
Eneida, VII, 377-382


