sábado, 28 de febrero de 2026

EL TROMPO



En la Eneida, poema épico, hay momentos tiernos en las comparaciones. Ahora sobre los juegos infantiles.

Como a veces da vueltas y más vueltas al impulso de un vibrante cordel
el trompo volandero que los niños absortos en el juego
hacen dar amplios giros en el ruedo de un pórtico vacío.
Agitado por la cuerda, va trazando una vuelta tras otra
- el corro de muchachos inclinados sobre él se pasma boquiabierto del misterio
del girandero boj-, el cordel le sigue dando bríos...

Eneida, VII, 377-382

domingo, 8 de febrero de 2026

MELLIZOS

Le alegra ver a salvo la nave y ver a los compañeros recobrados, 
le da una esclava experta en las tareas de Minerva, es cretense,
de nombre Fóloe, con dos mellizos que a sus pechos cría.


Eneida,
V 285

jueves, 5 de febrero de 2026

EL NIÑO EN EL ESTANQUE



Claramente Hijos de la Ira es una obra triste, nihilista, terrible. Dámaso Alonso no da tregua. En su poema El día de los difuntos hay un fragmento terrible en el que se narra el peligro en que se encuentra un niño, un niños que ¿era él mismo?


¡No, no le conozco, no sé quién es aquél niño!
Ni sé siquiera si es un niño o una tenue llama de alcohol
sobre la que el sol y el viento baten.
Y le veo lejano, tan lejano, perdido en el bosque,
furtivamente perseguido por los chacales más carniceros
y por la loba de ojos saltones y pies sigilosos que lo ha de devorar por fin
entretenido con las lagartijas, con las mariposas,
tan lejano,
que siento por él una ternura paternal,
que salta por él mi corazón, de pronto,
como ahora cuando alguno de mis sobrinitos se inclina sobre el estanque de mi jardín,
porque sé que en el fondo, entre los peces de colores,
está la muerte.
(¿Me llaman? Alguien con una voz dulcísima me llama. ¿No ha pronunciado alguien mi
nombre?
No es a ti, no es a ti. Es a aquel niño.
¡Dulce llamada que sonó, y ha muerto!)