TRAVESURAS
Llegaron a la vía férrea de circunvalación que corta el barrio, sin
valla, sin resguardo alguno. La miseria se familiariza con el peligro como con
un pariente. Sintieron silbar la máquina, y los condenados se pusieron a bailar
sobre los carriles, desafiando al tren mugidor que venía. Lo azuzaban, lo
escarnecían, hasta que apareció la locomotora en la curva, y al ver la cerca se
dispersaron como bandada de gorriones. El tren de mercancías pasó, enorme,
pesado, haciendo temblar la tierra, y ellos, a un lado y otro de la vía, lo
saludaban con espantosa rechifla, lo amenazaban con puños y palos, lo trataban
de tú, remedaban con insolente escarnio los bufidos de la máquina, el
desengoznado movimiento de las bielas, y, por último, pusieron al guardafreno
como hoja de perejil. El tren les hacía ta tanto caso como a una nube de mosquitos, y desapareció, dejando atrás, su humo y su ruido.
Desheredada 152-2
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