En Ambrosero aparecen, a cien metros uno del otro, dos pasos de la vía, y por Gama, sobre otro más, un niño en cuclillas y con el cinturón al cuello desafía, por partida doble, a la máquina de vapor y al motor de explosión. ¡Los hay osados!
Niño, ¡que te va a dar el tren!
El niño, sin moverse de su cómoda postura, miró para el vagabundo.
No, señor, siempre me quito a tiempo.
El vagabundo dejó al chiquillo en paz con sus viejas necesidades. Los hay que, si no le echan un poco de emoción, no se divierten. En esto, como en todo, hay costumbres y manías para todos los gustos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario