Un hombre desesperado: el conserje Gascón, sin piernas. El camión en que iba se estropeó, como tantos otros, quedándose en la cuneta. Todos los ocupantes tomaron por asalto otros vehículos; Gascón quedó al margen, a ras de tierra, con su carrito, a merced de quien le echara una mano. El gorro que llevaba era de la FAI, así que ya sabía que ningún comunista se detendría para ayudarlo. Pero tampoco se detenían los anarquistas. Su pánico era grande, pues al parecer los «fascistas» habían ya rebasado a Gerona. Por fortuna, la carreta de un campesino, cuyo caballo tenía majestad, recogió a Gascón, y el dueño le prometió a éste no abandonarlo hasta la frontera.
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