viernes, 9 de octubre de 2026

MUERTE POR CONGELAMIENTO

 Imposible dar un paso, imposible servirse de arma alguna, a no ser de la aviación. Reventaban los motores y los depósitos de agua, mientras varios compañeros de Miguel Rosselló morían helados al volante de sus camiones. Todas las banderas eran blancas, como si pidieran la rendición. Las tropas atacantes encontraban acomodo en el interior de Teruel, pero las situadas en descampado no tenían remedio. Lo primero en helarse eran los pies, sobre todo, los de los soldados que calzaban leves alpargatas. ¡Oh, sí, el comportamiento del frío se reveló lógico y sutil como la brújula de Moncho! A lo primero, atacaba las extremidades, y las orejas y la nariz; pero acto seguido se filtraba por los caminos que conducían al corazón. Una vez llegado a él, se detenía. ¡Momento cumbre! Empezaba a acariciar con ternura el corazón, lamiéndolo, hasta que de pronto lo mataba, obligando a la boca a sonreír.

 

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