viernes, 19 de abril de 2019

NIÑOS Y PIEDRAS



La infancia y sus usos y costumbres cambian. Yo, con cincuenta y un años, he jugado con calles de arena sin coches, con balones de reglamento y, en contadas ocasiones me he apedreado con los niños de otras calles. Ahora nuestros niños están, afortunadamente, mucho más seguros en nuestras calles, pero la relación entre los niños y las piedras viene de antiguo como lo muestra la historia de los honderos baleares que ya nos cuenta Flavio Vegecio Renato  en su Epitoma rei militari.  (*)



XVI. LA HONDA. (1)

"Se debe instruir a los reclutas en el arte del lanzamiento de piedras tanto a mano como con honda. Se dice que los habitantes de las islas Baleares han sido los inventores de la honda, y que su sorprendente destreza en el manejo la debían a la forma de enseñar a sus niños. Sus madres no les permitían coger su comida si antes no la habían derribado con sus hondas. Los soldados, a pesar de su armadura defensiva, quedan a menudo más vejados por los cantos rodados que por las flechas del enemigo. Las piedras matan sin lacerar el cuerpo y la contusión es mortal sin pérdida de sangre. Es universalmente sabido que los antiguos emplearon honderos en sus combates. Existe el mayor motivo para instruir a todas las tropas, sin excepción, en este ejercicio, pues la honda no suele considerarse de gran importancia y a menudo resulta del mayor servicio, especialmente cuando se está obligado a combatir en poblaciones de piedra, o a defender una montaña o promontorio, o al rechazar al enemigo que ataca una ciudad o castillo."






domingo, 5 de agosto de 2018

TAXONOMANÍA: NEOLOGISMO (NECESARIO)



Pocas veces le es dado a un ser humano (hombre o mujer) la posibilidad de pasar a los anales de la historia por mor del descubrimiento de un nuevo continente, una nueva peste, una nueva tendencia de la moda o el último elemento de la tabla periódica de Dmitri Mendeléyev.
Más accesible y cercano al nivel en que nos movemos los comunes que integramos el FILANDÓN está en nuestra mano la creación de un neologismo necesario; palabra inexistente por pasar inadvertido hasta ese momento el concepto o la idea que define, reclama y formaliza.
Creo que me ha llegado ese momento en que la Fama, con sus trompetas llama a mi humilde umbral.
Propongo, por absolutamente necesario el neologismo: TAXONOMANÍA. En primer lugar, no debe ser confundido en virtud de su cercanía fonética con taxonomía (que ya se encuentra en el diccionario de la RAE, cuya etimología es clara: del gr. τάξις táxis 'ordenación' y -nomía. Con casi los mismos mimbres, cambiando – nomía por –manía, tendremos palabra.
Una vez creada, por virtud del uso libérrimo del hablante español para suplir un concepto que existe y que permanece innombrado, propongo la siguiente definición, que indudablemente ofrezco gratis et amore a los sesudos miembros de la Academia:

-          taxonomanía
-          Del gr. τάξις táxis 'ordenación' y μανία -manía '-manía'.
-          1. f. Med. Desmedido afán clasificatorio. Placer patológico por las clasificaciones y listas ordenadas.

5 de agosto del año del Señor de 2018


sábado, 31 de diciembre de 2016

GEMELOS DE PADRES DIFERENTES





Alcmena y sus hijos: Heracles (matando serpientes en la cuna) e Ificles



El mundo de los embarazos gemelares siempre tiene algo de misterioso. En la mitología griega son frecuentes los gemelos concebidos de una misma mujer (Leda (1), Alcmena (2)) pero de dos padres, uno divino (Zeus) y otro mortal, humano.

Encontramos así a Heracles e Ificles, Cástor y Pólux, Helena y Clitemnestra. Todo este asunto de los embarazos múltiples, cuando los padres son varios se denomina superfetación o gemelos dicigóticos heteroparentales, y al parecer no son tan infrecuentes cuando en un ciclo ovulatorio femenino se produce una doble ovulación (algún autor los tasa en 1 de cada 400 embarazos gemelares dicigóticos). * **

Hoy os acerco la historia de Alcmena, según lo relata Hesíodo en su obra Escudo, versos 45 y siguientes. (*)

¡Feliz 2017¡



PS.


-          Alcmena. Esposa de Anfitrión

-      Electrión. Padre de Alcmena

-          Heracles. Hijo de Zeus y Alcmena

-          Ificles. Hijo de Anfitrión y Alcmena




Así fue como Alcmena, hija del conductor de pueblos, Electrión dejando sus moradas y la tierra de la patria, llegó a Tebas con el bravo Anfitrión. Y en verdad que superaba a la raza toda de las mujeres; y ni en belleza ni en estatura podría competir con ella ninguna de las mortales que habían parido después de acostarse con hombres. De su cabeza y de sus párpados azules emanaba un encanto parecido al de Afrodita de oro; y en su corazón honraba a su marido más de lo que hasta entonces hubiera honrado al suyo ninguna otra mujer.



Sin embargo, Anfitrión, irritado a causa de unos bueyes, había matado, domeñándole por fuerza, al ilustre padre de Alcmena; y dejando entonces la tierra de la patria, había, ido, como suplicante, a Tebas para ver a los cadmeos portadores de escudos; y ahí era donde vivía con su noble mujer, aunque privado de su amor, porque no le estaba permitido subir al lecho de la hija de Electrión, la de hermosos tobillos, antes de vengar el asesinato de los magnánimos hermanos de su mujer y antes de quemar las ciudades de los héroes tafíenses y teleboenses. Y se le impuso esta misión, poniendo por testigos a los Dioses; y por eso, temiendo su cólera, se apresuraba él a llevar a cabo rápidamente su gran empresa, tal y como se lo había ordenado Zeus. Y con él caminaban, pletóricos del deseo de la guerra, los beodos domadores de caballos, respirando por encima de sus escudos, y los locrienses, que combatían con armas cortas, y los magnánimos procios. Y era su jefe el noble hijo de Alceo, gloriándose de estos pueblos.
Y el Padre de los hombres y de los Dioses urdió en su espíritu otro designio, con el fin de engendrar para los Dioses y los hombres industriosos un héroe que apartara lejos de ellos el peligro. Al punto, urdiendo astucias, descendió del Olimpo, pletórico de deseo nocturno por una mujer de hermosa cintura. Y llegó al Tifaonio. Luego, el sabio Zeus subió a la cumbre más alta del Ficio, en donde se asentó meditando en su espíritu sus designios maravillosos. Y en esa misma noche, se unió de amor con la hija de Electrión, la de hermosos tobillos, y satisfizo su deseo; y en esa misma noche, el príncipe de pueblos el ilustre héroe Anfitrión, volvió a su morada después de dar cima a su magna empresa. Y no quiso ir en busca de sus servidores y de sus pastores sin haber subido antes al lecho de su mujer: tan violento era el deseo que poseía aquel pastor de pueblos. Lo mismo que un pobre que escapa con júbilo la desdicha, a la enfermedad o a rudas cadenas, Anfitrión, libre de su empresa, volvió lleno de gloria a su morada y se acostó esa noche con su mujer venerable, gozando de los dones de Afrodita de oro. Y así puesta encinta por un Dios y a la vez por el más bravo de los hombres, Alcmena parió, en Tebas la de las siete puertas, dos hijos gemelos, pero desemejantes de espíritu, aunque hermano»; el uno de mal carácter, el otro el más irreprochable y el más bravo de los hombres, el terrible y poderoso Heracles; y concibió a éste dé Zeus Cronión, que amontona las nubes, y a Ificles del príncipe de pueblos Anfitrión. Eran desemejantes, porque al uno le había concebido de un mortal y al otro de Zeus. Cronión, que manda en todos los Dioses.”


Zeus y Alcmena






viernes, 2 de diciembre de 2016

¡ EN ESTO HA SALIDO A TI....¡




Ares y Afrodita



¿Cuántas veces aquellos de nosotros que trabajamos con niños no hemos asistido a peleas entre los padres en nuestra consulta? Son situaciones extremadamente desagradables y no es nada infrecuente que uno se enfrente al otro achacándole todos o algunos de los defectos del hijo, siempre heredados del otro progenitor.
Curiosamente este problema no solo se da entre los humanos mortales, sino al parecer, si hacemos caso a Homero, entre los dioses olímpicos. En el texto de hoy, extraído de la Ilíada, veremos a Zeus dirigirse a su hijo Ares, dios de la guerra y colérico adjudicar su mal carácter a una herencia de su madre, Hera.



"-¡Inconstante! No te lamentes, sentado junto a mí, pue me eres más odioso que ningún otro de los dioses del Olimpo. Siempre te han gustado las riñas, luchas y peleas, y tienes el espíritu soberbio, que nunca cede, de tu madre Hera a quien apenas puedo dominar con mis palabras. Creo que cuanto te ha ocurrido lo debes a sus consejos. Pero no permitiré que los dolores te atormenten, porque eres de mi linaje y para mí te parió tu madre."

Canto V, 889, Ilíada


Zeus y Hera



jueves, 10 de noviembre de 2016

MIASIS







El amor que una madre tiene para sus hijos es inmenso pero puede expresarse en signos mínimos, leves, alados. Todos importantes para el cuidado físico y psíquico de su criatura, para evitarle todo daño.(1)

Traigo hoy una de las comparaciones que en la Ilíada permiten que el mundo real se inmiscuya en el épico relato poblado de héroes y dioses.

“No se olvidaron de ti, oh Menelao, los felices a inmortales dioses y especialmente la hija de Zeus, que impera en las batallas; la cual, poniéndose delante, desvió la amarga flecha: apartóla del cuerpo como la madre ahuyenta una mosca de su niño que duerme con plácido sueño, y la dirigió al lugar donde los anillos de oro sujetaban el cinturón y la coraza era doble. La amarga saeta atravesó el ajustado cinturón, obra de artífice; se clavó en la magnífica coraza, y, rompiendo la chapa que el héroe llevaba para proteger el cuerpo contra las flechas y que lo defendió mucho, rasguñó la piel y al momento brotó de la herida la negra sangre.”

Ilíada. IV, 127

sábado, 9 de julio de 2016

HAMBRE





Jean-Baptiste Carpeaux.  "Ugolino y sus hijos".


La humanidad, en su devenir, ha pasado hambre. Sólo ahora, en el siglo XXI, grandes masas de población comen todos los días cuanto apetecen mientras un número gigantesco de nuestro coterráneos sufre hambrunas. Esta malnutrición es especialmente perniciosa para los organismos en crecimiento, para los niños. En ocasiones esta negra hambre, que puede conducir a la muerte no es fruto de la inaccesibilidad a los alimentos sino de un castigo infame y cruel. Se torna así un asesinato a cámara lenta causa de un dolor insoportable. Traemos para ilustrar la muerte por desnutrición la leyenda de Ugolino de Pisa y sus tres hijos tal y como lo relata Chaucer en sus Cuentos de Canterbury.

EL CUENTO DEL MONJE. Cuentos de Canterbury

UGOLINO, CONDE DE PISA




William Blake.  "Ugolino y sus hijos".



“Por piedad no existe lengua que pueda describir cómo el conde Ugolino murió lentamente de hambre. A poca distan­cia, en las afueras de Pisa, se levanta la torre en la que fue en­carcelado con sus tres hijos pequeños, el mayor de los cuales apenas si contaba cinco años de edad. ¡Oh, Fortuna, qué cruel eres enjaulando a tales pajaritos! En la misma cárcel fue condenado a morir el obispo de Pisa, Rogelio, que le había acusado en falso y por cuya acusación la gente se levantó y le encarceló, como he descrito. El escaso alimento y bebida que se le daba apenas si era suficiente, además de ser poco nutritivo y de mala calidad. Un día, aproximadamente a la hora en que, de costumbre, se le entraba la comida, el carce­lero cerró las grandes puertas de la torre. El prisionero le oyó claramente, pero calló; no obstante, algo le dijo en su cora­zón que pensaba dejarle morir de hambre.



- ¡Ay¡ ¿Por qué nací? - exclamó, y sus ojos se inundaron de lágrimas.
Su hijo menor, de tres años de edad, le dijo:

-Padre, ¿por qué estás llorando? ¿Cuándo traerá el carce­lero nuestra comida? ¿No te queda ya pan? Tengo tanta ham­bre, que no puedo dormir. ¡Ojalá quisiera Dios que me durmiera para siempre! Así no notaría el hambre que me roe la barriga. ¡No hay nada que desee tanto como un mendrugo de pan!

Así hablaba el niño, día tras día, hasta que, acostándose en el regazo de su padre, le dijo:

-Adiós, padre mío. Me muero. Dio un beso a su padre y expiró.

Cuando su padre, con el corazón destrozado, vio que ha­bía muerto, en su dolor se mordía los brazos y gritaba: -¡Oh, Fortuna! Te acuso de ser responsable de toda mi pena con tu rueda traicionera.

Sus otros hijos, pensando que se mordía los brazos de hambre, en vez de mordérselos de pena, le dijeron:

-¡Oh, padre, no hagas eso! Come antes de nuestra carne, la carne que tú nos diste: ¡tómala y come!

Estas fueron exactamente sus palabras; un día o dos des­pués de aquello, se acostaron en el regazo de su padre y expi­raron. El propio conde se desesperó y también pereció de hambre. Tal fue el fin del poderoso conde de Pisa, a quien la Fortuna le privó de su elevada situación.

Pero basta de esta trágica historia; el que desee una versión más extensa del relato debe leer al gran poeta de Italia, Dan­te, pues lo describe desde el principio al final sin omitir palabra.”
 







Pero mucho más enfático y descarnado es el mismo relato  en la Divina Comedia de Dante (Canto XXXIII); sufrimos el detalle pormenorizado, lento, del día a día en esa prisión para acabar con la sigilosa, dudosa, anfibólica frase que tanta inquietud nos crea cuando pensamos en ella...."pero más que el dolor, pudo el hambre". Como ya vimos, el mismo Chaucer nos dejó en suerte ante Dante. En su Infierno encontraremos a Ugolino mordiendo sañudamente la nuca del Arzobispo Ruggieri, responsable de su encarcelamiento y el de sus hijos. En este Canto, Ugolino responde a las preguntas del laureado poeta:






“Has de saber que yo fui el conde Ugolino
y que éste es el arzobispo Ruggieri;
ahora te diré porqué le soy tal vecino.

Que por efecto de sus malos pensamientos,
fiándome de él, caí preso
y fui muerto, no hace falta decirlo;

pero de aquello que no pudo ser visto,
es decir cómo mi muerte fue cruda,
oirás, y sabrás si me ha ofendido.

Un breve hueco dentro de la Muda,
la cual, por mí, se titula hoy del hambre,
y que aún será de otros lugar de encierro,

me había mostrado ya por su abertura
muchas lunas, cuando tuve el mal sueño
que del futuro me descorrió el velo. (…)

(…) Despertando antes de la aurora,
llorar oí entre sueños a mis hijos
que conmigo estaban, y me pedían pan.

Serías bien cruel, si tú ya no te dueles
pensando en lo que mi corazón presentía;
y si no lloras ¿de qué llorar sueles?

Ya estaban despiertos, y la hora se acercaba
de la comida que soler nos traían,
y por su sueño cada uno dudaba;

oí entonces que de abajo clavaban
la puerta de la horrible torre; y me volví
al rostro de mis hijos sin decir nada.

Yo no lloraba, mas por dentro era de piedra;
lloraban ellos; y mi Anselmito
dijo: ‘¿Mírate, padre, que tienes?’

Mas no lloré ni respondí
en todo el día y en la siguiente noche,
hasta que un nuevo Sol salió en el mundo.

Como un rayo de luz se infiltrara
en la dolorosa celda, y percibí
en sus cuatro rostros mi mismo aspecto,

ambas manos por el dolor me mordí;
y ellos, creyendo que yo lo hacía obligado
por el hambre, súbitamente se alzaron

y dijeron: ‘Padre, menor será nuestro dolor
si tú nos comes: tú nos vestiste
estas míseras carnes, tú tómalas ahora’

Aquietéme entonces por más no acongojarlos;
un día y otro permanecimos todos mudos,
¡Ay, dura tierra! ¿Porqué no te abriste?

Cuando al cuarto día llegamos
Gaddo se arrojó tendido a mis pies
diciendo: ‘Padre mío, ¿porqué no me ayudas?

Y allí murió; y así como tú me ves,
vi yo caer los tres uno por uno
en el quinto y el sexto día; y yo, ya ciego,

me puse a buscar tanteando a cada uno
y dos días los llamé, luego de muertos.
Después, más que el dolor, pudo el ayuno.

Cuando dejó de hablar, con ojos torvos,
retomó el mísero cráneo con los dientes,
que llegaron al hueso, como de un perro, fuertes.”







Gustavo Doré"La Divina Comedia"

¿Qué paso realmente en esa obscura celda?