domingo, 21 de marzo de 2021

PUES YO PARÍ EN...



Creúsa llorando (Creusa in lacrime): detalle del cuadro de 1598 de Federico Barocci 
Eneas huye de Troya (La fuga di Enea da Troia); 


Sin duda el parto es un momento en la vida de las mujeres cis y de los varones trans que se suele dar en un ambiente sanitario o cada vez más en el propio domicilio cuando la mujer cis o el varón trans decide empoderar su parto y quiere limitar la "violencia obstétrica". Pero en ocasiones las cosas no se presentan como una había pensado... Todos conocemos la situación más común de parto en lugares inopinados: el taxi, (*)  un terremoto.*)

No obstante aún se pueden encontrar situaciones más difíciles, más dramáticas: un incendio que acaba con una ciudad de altas murallas: Troya. Nos lo cuenta Dante en su Monarquia (edición de Tecnos,19912) en la página 47-48 en relación a la Eneida III, 339-340, cuando Andrómaca pregunta  Eneas por su hijo Ascanio.


"¿Qué es de Ascanio?, vive todavía y se alimenta de las auras aquel que te parió Creusa, cuando ya estaba ardiendo Troya?"




sábado, 6 de marzo de 2021

LOS INFANTES EN EL LIMBO SEGÚN DANTE ALUGHIERI




"Allí estoy con los niños inocentes

del diente de la muerte antes mordidos

que de la humana culpa fueran libres.                                            

Con aquellos estoy que las tres santas

virtudes no vistieron, mas sin vicio

supieron y siguieron las restantes."     


(Infierno, Canto VII) 

sábado, 12 de diciembre de 2020

ZAPATOS DE HORMA IGUAL


Al leer este bello libro de viajes de 1930 encuentro información sobre un objeto desconocido para mí y que, de alguna manera, sugieren alguna especie de tortura: pares de zapatos que no diferencia la izquierda de la derecha. Y claramente, indubitablemente existieron.



"Pone el colmo a esta evocación escénica la vista de dos muchachos riñendo también en una era, así como los vio Don Quijote. Acércome a ellos y me entero de su pendencia. No es que riñeran por una jaula de grillos, sino que aquel día tocaba al mayor de ellos llevar unos condenados zapatos que, por ser de horma igual, le hacían mucho daño y a todo trance quería traspasarlos a su hermano. Éste se oponía al endoso, y el otro le pegaba.

Porque es de advertir que en estos lugares siguen haciéndose los zapatos con horma igual, a pretexto de que duran más, y se castiga con pan duro y algunos azotes a los niños que, porque les duele ese bárbaro calzado, no quieren cambiárselo de pie de un día para otro."


Lazarillo español. Ciro Bayo. Ediciones Cátedra, página 89





domingo, 8 de noviembre de 2020

ACEITE DE RICINO




Yo no he sido víctima del aceite de ricino usado como purgante, pero sí mi madre, la generación nacida en 1920. Aquí os traigo un capítulo entero de Armando Palacio Valdés donde se relata magníficamente su uso y sus consecuencias, incluso las más divertidas.

X. COMETO UN ASESINATO

Todo hombre ha merecido alguna vez la horca en el curso de su vida, dice Montaigne. Yo la merecí en edad bien temprana, pues no contaba más de cuatro años de edad. Oíd cómo sucedió: En aquel tiempo existía en Avilés un monstruo llamado don Gregorio Zaldua. Este monstruo no comía los niños crudos como suelen hacer los otros monstruos; pero impedía que los niños comiesen nada ni crudo ni asado, y el resultado era igualmente funesto.

—El niño tiene la lengua sucia—decía mi madre en voz alta—. Hay que avisar a don Gregorio. Y el niño, que era yo, se echaba a temblar como el cordero a la vista del lobo. Llegaba el lobo, me miraba la lengua, me palpaba el vientre, me examinaba los párpados, y después de estas y otras odiosas maniobras, pronunciaba con la mayor indiferencia la horrible sentencia:

—Denle ustedes una onza de aceite de ricino en dos veces... Y dieta...¡sobre todo mucha dieta!

¡Oh Dios del Sinaí! ¡el aceite de ricino! Escuchando este nombre se me erizan aún los pocos cabellos blancos que me quedan en la cabeza.

—Es, que se resiste a tomarlo—decía mi madre tímidamente.

—Pues es muy sencillo hacérselo tragar. No tiene usted más que apretar la nariz con el dedo índice y el pulgar, y cuando abra la boca echárselo allá. ¡Bárbaro! Otras veces la sentencia era más suave.

—Póngale usted sobre el vientre una cataplasma de harina de linaza... y dieta... ¡sobre todo mucha dieta! Cuidado con que el niño coma absolutamente nada. En usted tengo confianza, pero hay que vigilar a Silverio porque es un padrazo incapaz de resistir el llanto del niño.

Verdad; mucha verdad. Mi padre por no verme sufrir, sería capaz de darme una rosquilla bañada de la confitería de Nepomuceno.

¡Oh las rosquillas bañadas de Nepomuceno! ¡Y las tabletas! ¡Y las crucetas! Jamás se ha visto ni se verá en el arte de la confitería una obra más perfecta, y apelo al testimonio de aquellos de mis contemporáneos que hayan tenido la felicidad de gustarlas. Cuando alguna que otra vez tropiezo en los senderos de la vida con uno de estos dichosos mortales que han sufrido indigestiones por haber ingerido en su infancia demasiadas tabletas no puedo menos de abrazarle enternecido.

¡Pero buenos estaban los tiempos para rosquillas bañadas! Mi madre era vigilante y enérgica, y no diré una tableta, pero ni un pedazo de pan de la cocina me permitiría llevar a la boca. Mi padre no osaba interponerse; las criadas la secundaban, y yo quedaba a merced de aquel monstruo de don Gregorio, sumido en la más horrible miseria. Imposible encontrarse en mayor aflicción y necesidad. Por mi pequeño corazón pasaba toda la tristeza y desolación que caben en el mundo, y no hay que dudar que caben bastantes. Y lloraba las lágrimas más amargas que el hombre puede derramar en este valle; y si no maldecía de la vida era que aun no había leído a Schopenhauer.

Recuerdo que una noche me pusieron en el vientre la consabida cataplasma de harina de linaza. Después de ponérmela apagaron la bujía, encendieron una lamparilla y se marcharon dejándome solo. Yo gritaba pidiendo pan, un mendrugo de pan siquiera: pero nadie escuchaba mis gritos. La naturaleza, los hombres, el mismo Dios parecían haberse vuelto sordos. Al cabo de un rato llegó Pepa la cocinera y me dijo que si no me callaba seguramente vendría el Trasgo a cogerme por las piernas. Yo no había tenido la desgracia hasta entonces de trabar conocimiento con el Trasgo y como no lo deseaba me callé. Pero el hambre me punzaba, ¡qué diré punzaba! me roía las entrañas. Entonces tuve una inspiración, uno de esos pensamientos felices que sólo acuden a la mente humana una vez en la vida.

Llevé mis manos a la cataplasma, la saqué de su envoltura de lienzo y me la comí. Tengo entendido que hubo en los tiempos antiguos un joven príncipe romano a quien hicieron morir de hambre, el cual se comió antes parte de las ropas de la cama. Inútil manifestar que yo no tuve en cuenta para nada este precedente, que no hubo espíritu de imitación ni de plagio. Con la mano sobre el corazón declaro que al comerme la cataplasma creí realizar una obra completamente original.

Pero este pensamiento feliz produjo consternación en mi familia. Siempre sucede lo mismo. Cuando surge un pensador original el mundo se agita presa de viva inquietud. El resultado fué que, como todos los innovadores, pagué mi inspiración con el martirio. Me aplicaron otra dosis de aceite de ricino. Mi pobre padre estaba desolado viendo al hijo de sus entrañas recorrer, sin culpa alguna, el doloroso calvario de purgas y cataplasmas. El desdichado me acariciaba, enjugaba mi sudor de agonía y me decía al oído las cosas más halagüeñas. Hizo aún más; se fué al bazar de los arcos de la plaza y me compró una preciosa escopeta. Quedé enajenado, loco de alegría. En aquel momento desaparecieron todas mis penas; me olvidé del hambre, me olvidé de las cataplasmas y hasta del sabor del aceite de ricino.

La escopeta se cargaba con unos fulminantes que hacían bastante ruido.

Mi madre dijo malhumorada:

—¡Qué ocurrencia la tuya de poner en manos del niño estas cosas!

Mi padre replicó sonriendo:

—El niño es muy juicioso y yo tengo la seguridad de que no ha de matar a

nadie.

Yo afirmé vivamente con la cabeza. ¡Oh gran hipócrita! ¡Oh pérfido y tenebroso embustero! En el momento que tomé el arma concebí el crimen; y no lo concebí vagamente sino con todos sus repugnantes detalles. Pero hice el inocente, sonreí de un modo angelical y todos confiaron en mí. No hubo jamás en el mundo confianza peor depositada. Cuando llegó la noche y mis padres, después de besarme, se retiraron y sentí roncar a la Felisa que dormía en otra cama cerca de la mía, entonces me alcé cautelosamente y a la luz de la lamparilla cargué mi arma con el mayor cuidado. La puse al alcance de la mano y me dormí tranquilamente como el más fiero y empedernido criminal. Me despertó la voz de mi madre en el gabinete contiguo, hablando con don Gregorio. Despierto sobresaltado y apenas despierto, veo asomar por la puerta la faz aborrecida del monstruo. No tuve tiempo más que para echar mano a la escopeta, ponerme en pie sobre la cama, echarme aquélla a la cara y disparar sobre el infame.

Carcajada general. Mi padre, mi madre, la Felisa, don Gregorio reían dando muestras de la más viva alegría; sobre todo éste parecía querer desternillarse.

Armando Palacio Valdés. La novela de un novelista. Colección Austral.





domingo, 16 de agosto de 2020

¿QUÉ ES UN LACTANTE? LA VOZ DE LA NODRIZA



Mucho tiempo ha pasado sin venir por esta página. Hoy traemos un tierno pasaje en que la nodriza de Orestes (creyéndolo muerto) nos dice claramente qué es un lactante. Pertenece a la tragedia Las Coéforas de Esquilo.


- Nodriza. 

"!Pero mi Orestes, el objeto de mis desvelos, al que cogí casi desde el vientre de su madre y lo crié...¡ ¡Sus agudos llantos que me desvelaban en la noche, las muchas y continuas molestias, todo ha sido para nada¡ Pues a una pequeña criatura sin uso de razón, hay que cuidarla como a un animalito, por intuición, ¿o no es así?, pues un niño de pecho no tiene voz para decir si tiene hambre o sed o gana de orinar; el joven vientre de los niños actúa por su cuenta y, aunque intentaba adivinar sus necesidades, me equivoqué muchas veces. Entonces tenía que lavar sus pañales, siendo a la vez lavadora y nodriza, que ambas funciones las desempeñaba con Orestes desde que lo recibí de brazos de su padre."



sábado, 4 de mayo de 2019

LA SELECCIÓN DE LOS RECLUTAS EN VEGECIO


Hipocrates de Cos

Cuando la guerra se impone como último recurso, es prioritario la selección, a lo largo de la historia de la humanidad, de los mejores varones.
Por eso nuestro ya conocido Flavio Vegecio Renato  en su Epitoma rei militari es la primera cuestión de método que aborda y comienza afirmando la influencia de las diversas regiones y climas en la cualidad de sus hombres. 

II.    LA SELECCIÓN DE LOS RECLUTAS

Para tratar nuestra materia con algún método, deberíamos antes examinar qué provincias o naciones van a preferirse para proveer de reclutas a los ejércitos. Es cierto que cada país produce tanto hombres valientes como cobardes; pero es igualmente cierto que algunas naciones son naturalmente más aguerridas que otras y que el valor, así como la fortaleza de cuerpo, dependen grandemente de la influencia de los distintos climas.


Esta relación hombre/terruño, con la especificación de la influencias de los diversos climas en la cualidad de sus habitantes la encontramos en la medicina hipocrática en su obra Sobre los aires, aguas y lugares.(*)


HIPÓCRATES. “Sobre los aires, aguas y lugares”

Las (ciudades) que están orientadas hacia la salida del sol son, como es natural, más sanas que las que miran hacia el Norte y que las orientadas hacia los vientos calientes, aunque sólo haya un estadio de separación entre ellas. Pues, en primer lugar, el calor y el frío son más moderados, y, además, todas las aguas orientadas hacia la salida del sol son, por fuerza, claras, de olor agradable y blandas. No se produce niebla en esa ciudad, pues lo impide el sol, cuando se levanta y resplandece. Efectivamente, por la mañana domina aquél por lo general. Los habitantes, por su aspecto, gozan de buen color y vigor, más que en cualquier otro sitio, si no lo impide alguna enfermedad. Tienen la voz clara y son mejores en actitud  e inteligencia que los orientados hacia el Norte, del mismo modo que son también mejores los demás seres que nacen en este lugar.





domingo, 21 de abril de 2019

LAS DUDAS DE SAN JOSÉ EN LA LITERATURA





Antes de los estudios genéticos no existía forma humana de asegurar la filiación paterna de un hijo. Estas dudas ya las tiene José con su hijo y la literatura religiosa en los primeros siglos se permitió relatar las cuitas de este santo varón. Veáse de Guzman Manrique la obra de 1476 “El nacimiento de nuestro señor”(1)


La Representaçión del Nasçimiento de Nuestro Señor



Lo que dize JOSEPE, sospechando de Nuestra Señora:

 
 ¡Oh viejo desventurado!
Negra dicha fue la mía
en casarme con María
por quien fuesse deshonrado.
   Ya la veo bien preñada,
no sé de quién, nin de cuánto.
Dizen que d'Espíritu Santo,
mas yo d'esto non sé nada.
La oraçión que faze la GLORIOSA:

 
   ¡Mi solo Dios verdadero,
cuyo ser es inamovible,
a quien es todo posible,
fáçil e bien fazedero!
   Tú que sabes la pureza
de la mi virginidad,
alumbra la çeguedad
de Josep, e su simpleza.


El ÁNGEL a JOSEPE:

 
   ¡Oh viejo de muchos días,
en el seso de muy pocos;
el principal de los locos!
¿Tú no sabes que Isaías
dixo: «Virgen parirá»;
lo cual escribió por esta
doncella gentil, honesta,
cuyo par nunca será?



Cuando tuvo lugar más tarde el Concilio de Trento, ya no se toleraron estas dudas metódicas sobre la paternidad de Jesús de Nazaret, prohibiendo la censura contrareformista la representación de una obra semejante “Auto de la Confusión de San José” de de Juan de Quirós. (2)