Mostrando entradas con la etiqueta Emilia Pardo Bazán. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Emilia Pardo Bazán. Mostrar todas las entradas

lunes, 27 de enero de 2025

BOCIO MERGULLANTE EN LA GALICIA DEL XIX



Paciente de 1897

Las obras naturalistas, entre las que destacadamente hallamos La madre naturaleza de Doña Emilia Pardo Bazán, prestaban atención minuciosa a todo lo que les rodeaba. En la Galicia rural alejada del mar, los bocio gigantes eran muy frecuentes. Y así nos lo cuenta Doña Emilia, incluso transmitiendo las creencias populares sobre su etiología. 

Cap II

 En medio de esta especie de arca de Noé, reposaba inmóvil, sentada al pie de la artesa, con los naipes mugrientos al alcance de la mano, la vieja bruja de la Sabia.

Era su figura realmente espantable. Habíale crecido el bocio enorme, hasta el punto de que se le viese apenas el verdadero rostro, abultando más la lustrosa y horrible segunda cara sin facciones, que le caía sobre el pecho, le subía hasta las orejas, y por lo hinchada y estirada contrastaba del modo más repulsivo con el resto del cuerpo de la vieja, que parecía hecho de raíces de árboles, y tenía de los árboles añosos la rugosidad y oscuridad de la corteza, los nudos, las verrugas. 


Cap XIX

-Pues a mí poca gracia me hace que me maldiga un espantajo así. De seguro que esta noche sueño con ella. ¡Qué horrorosa está con el bocio! ¿De qué se cogerán estos bocios, tú, Perucho?

-Dice que de beber el agua que corre a la sombra del nogal o de la higuera.

-¡Ay! Dios me libre de catarla enjamás.







martes, 21 de enero de 2025

LA RABIA EN GALICIA DEL XIX



En La Madre Naturaleza de Doña Emilia Pardo Bazán se hace mención en varios capítulos a la enfermedad de la rabia. La obra es de 1869 y estas referencias a esta zoonosis no hace sino traducir la relevancia en la Galicia del XIX de esta terrible y mortal enfermedad.

Cap XVI

-¡Uy!, otros son peores. Hay los de cuatro patas... Raposos y lobos; allá en lo más alto de la sierra, jabalíes; la marta, que se come las gallinas; el miñato, que mata las palomas... Pero a mí esos animales fieros no me dan cuidado ninguno; me gustaría ir con los cazadores cuando dan la batida a los lobos, que debe ser precioso; pero a lo que tengo miedo es a... los perros rabiosos, en este tiempo del año. Dice que cuando muerden, para que uno no se muera, hay que quemarle con un hierro ardiendo el sitio donde dejan la baba... ¡ih, ih, ihhh! (Manolita se estremeció, subiendo los hombros como si tuviese frío.)

Cap XXVII

Desde chiquillos andamos juntos, sin diferencias de clases ni de señoríos; y nadie nos recordó nuestra condición desigual, hasta que cayó aquí, llovido del cielo, el señor don Gabriel Pardo de la Lage... Manola, ahí donde usted la ve, no tuvo en toda su vida nadie que la quisiese más que yo, yo (y se golpeaba el fornido pecho), nadie que se acordase de ella, no señor, ni su padre, ¿usted lo oye?, ni su padre... Yo, desde que levantaba del suelo tanto como una berza, la enseñé a andar, cargué con ella en brazos, para que no se mojase los pies cuando llovía, le di las sopas, le guardé el sueño, y le discurrí los juguetes y las diversiones... Yo le enseñé lo poco que sabe de leer y escribir, que si no, ahora estaría firmando con una cruz... Yo la defendí una vez de un perro de rabia... ¿Sabe usted lo que es un perro de rabia? ¡No, que en los pueblos eso no se ve nunca! Pues al perro, con aquellos ojos encarnizados y aquel hocico baboso, lo maté yo, pero no de lejos, sino desde cerquita, así, echándome a él, machacándole la cabeza con una piedra grande, mientras la chiquilla lloraba muerta de miedo... ¡Si no estoy yo allí, a tales horas Manola es ánima del purgatorio! En el brazo y en la pierna me mordió el perro, y gracias que la ropa era fuerte, y allí se quedó la baba...

Cap XXXI


Que pasa un can con la lengua de fuera, un suponer, y te da una dentada...pues como no te acudan con el hierro ardiendo, o no te pongan la cabeza de un conejo en vez de la tuya, que dice que es ahora la última moda de Francia para la rabia...(*)



(*) Louis Pasteur desarrolló la primera vacuna antirrábica en 1885. Inicialmente, esta vacuna se producía atenuando el virus de la rabia en cerebros de conejos infectados. El virus se debilitaba mediante desecación durante varios días.

******

Situación de la rabia en Galicia entre 1880 -1900

  • Autores: María Carmen Leira AbellaMaría Teresa Saura Leira
  • Localización: Cadernos de atención primariaISSN-e 1134-3583, Vol. 21, Nº. 1, 2015págs. 69-73
  • Idioma: español
    • Pasteur, en 1881, empieza sus estudios sobre la rabia, colaborando con Roux, y en 1885, descubre la vacuna antirrábica. El descubrimiento de Pasteur significó un avance de tal magnitud que merece su consagración como científico. Con anterioridad a esta fecha hay referencias en la prensa de la época a trágicas situaciones vividas por la población debido a animales rabiosos. Las mordeduras por lobos hidrófobos eran frecuentes en el medio rural gallego y la población sin recursos no podía permitirse grandes desplazamientos.

      Por R. O. de 14 de Mayo de 1886 se comisiona al Dr. D. Maximino Teijeiro Fernández, Catedrático de la Universidad Literaria de Santiago, para estudiar el sistema Pasteur para la rabia a la vecina República Francesa. Le acompañan D. Gerardo F. Jeremías Devesa y D. Leopoldo López García. Realizan una Memoria sobre el sistema curativo de la rabia, que se publica en 1888. En las conclusiones de esta Memoria proponen que se establezca en España al menos un Instituto de Vacunación de la Rabia por el sistema Pasteur, en el punto en que crea más oportuno, y provisto de todos los medios necesarios.

      Tras la apertura del instituto del Dr. Jaime Ferrán y Clúa, en Barcelona, las personas que sufrían la inoculación de la rabia debían acudir a este establecimiento, lo que sólo las clases más acomodadas podían permitirse.

      En 1897 el Dr. D. Ángel Cobián Areal abre su Instituto Microbiológico o Consultorio Antirrábico y Diftérico en Pontevedra. La apertura de este instituto supone un hecho de gran relevancia, pues la aparición de institutos de vacunación más próximos, donde además se podía recibir tratamiento, supone evitar en muchos casos la muerte por esta enfermedad.




Xxxi 291

Cap5
Cap 7 inicio 
Bocio XIX sus causas



viernes, 30 de agosto de 2024

PREPARACIÓN AL PARTO EN 1886


Cuando de madrugada, en Los Pazos de Ulloa, llega al doctor para atender la lucha entre la complexión delgada y delicada de la protagonista y las exigencias del parto en una primípara,  Doña Emilia Pardo Bazán aprovecha y nos cuela las concepciones higienistas que en su época se recomendaban como "preparación al parto". 



-Muchas gracias... -pronunció el médico encendiendo un ha- bano. Por ahora estamos a ver venir." La señora es novicia, y no muy fuerte... A las mujeres se les da en las ciudades la educación más antihigiénica: corsé para volver angosto lo que debe ser vasto; encierro para producir la clorosis y la anemia;" vida sedentaria, para ingurgitarlas y criar linfa a expensas de la sangre..." Mil veces mejor preparadas están las aldeanas para el gran combate de la ges- tación y alumbramiento, que al cabo es la verdadera función fe- menina
Siguió explanando su teoría, queriendo manifestar que no igno- raba las más recientes y osadas hipótesis científicas, alardeando de materialismo higiénico, ponderando mucho la acción bienhe- chora de la madre naturaleza. Veíase que era mozo inteligente, de bastante lectura y determinado a lidiar con las enfermedades ajenas; mas la amarillez biliosa de su rostro, la lividez y secura de sus delga- dos labios, no prometian salud robusta. Aquel fanático de la higiene no predicaba con el ejemplo. Asegurabase que tenía la culpa el ron y una panadera de Cebre,  con salud para vender y regalar a cuatro doctores higienistas.



Los Pazos de Ulloa. Emilia Pardo Bazán. Capítulo XVI

miércoles, 28 de agosto de 2024

MALTRATO A LA MUJER

En La Tribuna, de doña Emilia Pardo Bazán, se relata un episodio de una cigarrera maltratada físicamente por su marido que le obliga a robar tabaco para él. La consecuencia: despido fulminante de la desgraciada mujer.


Cierto día se difundió por la Fábrica siniestro rumor: Rita de la Riberilla, una operaria, había sido cogida con tabaco. ¡Con tabaco! ¡Jesús, si parecía una santa aquella mujer chiquita, flaca, con los ojos ribeteados de llorar, que solía atarse a la cara un pañuelo negro a causa, quizá, del dolor de muelas! Pero algunas cigarreras, mejor informadas, se echaron a reír: ¿dolor de muelas?, ¡ya baja! Era que su marido la solfeaba todas las noches, y ella, por tapar los tolondrones y cardenales, se empañicaba así; también una vez se presentó arrastrando la pierna derecha y diciendo que tenía reúma, y la reúma era un lapo atroz sacudido por él. Cuando llevaron a la culpable al despacho del jefe, lo primero que hizo fue llorar sin responder; y al cabo, hostigada ya, asaeteada a preguntas, se resolvía a confesar que «el marido» la abría a golpes si no le llevaba todos los días tres cigarros de a cuarto... La Comadreja, con su carilla acutangular, cómicamente fruncida, remedaba a la perfección los entrecortados sollozos, el hipo y las súplicas de la delincuente.

-Tres cig...aaaarros, señor menistrad...ooooor, tres cig...aaaarros sólo, que aun yo de aquí viva no saaaal...ga si otra triste hilacha de taaaaab...aco apañé... que yo no lo hiiiice por cudicia, tan cierto como que Dios bendito está en los diiiivinos sielos, sino que el marido me da con el formón, que, perdonando la cara de usté, en una pierna me cortó la carne, que puedo enseñar la llaga, que aún no curó... Y él sólo quería el tabaco para fuuumar, que no era para vender ni hacer negocio... Y ahora yo pierdo el pan, y mis hijos también... Porque escuche, y perdone: él me decía: «Ya que no traes cuartos hace un mes a la casa, tan siquiera trae cigarros...»....

Aquella tarde, al salir de los talleres, vieron las operarias, colgado cerca del quicio de la puerta, el cartel de rigor: «Habiendo sido cogida con tabaco en el acto del registro la operaria del taller de cigarros comunes, Rita Méndez, del partido núm. 3, rancho 11, queda expulsada para siempre de la Fábrica.- El Administrador Jefe, FULANO DE TAL»



La Tribuna. Emilia Pardo Bazán. Capítulo XXIX

martes, 27 de agosto de 2024

TRIUNFAR DEL MEDIO AMBIENTE


Como disfruta Doña Emilia dejando claro que esta su tercera novela, de 1883, se encuadra en el naturalismo que ella defendió en La cuestión palpitante. Uno de los paradigmas de esta escuela es el determinismo de la conducta humana ya sea por razones genéticas, biológicas o ambientales. ¡Que lo gocen ustedes¡


La Tribuna. Emilia Pardo Bazán. Capítulo XVII


La tarde de la Candelaria, Amparo, llevando el romero bendito oculto en el pecho, despedía un aroma balsámico, que pudiera tomarse por suyo propio; tal era la lozanía y vigor de su organismo, cuya robustez, vencedora en la lucha con el medio ambiente, había crecido en razón directa de los mismos peligros y combates. Si la labor sedentaria, la viciada atmósfera, el alimento frío, pobre y escaso, eran parte a que en la Fábrica hiciesen estragos anemia y clorosis, el individuo que lograba triunfar de estas malas condiciones ostentaba doble fuerza y salud. Así le acontecía a la Tribuna.

LA CANDELARIA


Las cigarreras de la novela La Tribuna (transcurre en una ciudad que es trasunto de La Coruña) siguen la bella tradición de La Candelaria en años de gran mortalidad infantil. ¡Pobres pero madres piadosas¡

Febrero vio la aurora de aquel amor en un día clásico, el de la Candelaria, en que, según el dicho popular, celebran los pajaritos sus bodas sobre las ramas todavía desnudas de los árboles, para que con la llegada de la primavera coincida la fabricación del nido. Las vísperas de la fiesta eran muy señaladas en la Fábrica: andaban esparcidos por las estanterías, sobre los altares, ocultos en los justillos de las mujeres, mezclados con la hoja, haces de rama de romero, y su perfume tónico y penetrante vencía al del tabaco mojado. En el centro de los haces se hincaban candelicas de blanca cera, y había de otras candelas largas y amarillas, compradas por varas y que se cortaban en trozos para hacer cuantas luces se quisiese; siendo el origen de traer estas candelas la creencia de que los niños muertos antes del bautismo y sepultados en las tinieblas del limbo sólo el día de la Candelaria ven un rayo de claridad, la de la luz que encienden, pensando en ellos, sus madres. Al día siguiente, en la iglesia, envueltas en el romero bendito, habían de arder todas las velitas microscópicas.

Ya se comprende que entre las cigarreras marinedinas -cuatro mil mujeres al fin y al cabo- había muchas que querían enviar a sus hijos difuntos aquella caricia de ultratumba, fundir el hielo de la muerte al calor de la pobre candelilla; por otra parte, aun las que no tenían niños vivos ni difuntos habían comprado romero gustándoles su olor, y propuestas a llevarlo a la misa de la Candelaria, que al fin, como decía la señora Porcona con tono sentencioso, era «un día de los más grandes, hiiiigas... porque fue cuando la Virgen sintió el primer dolorito, por razón de que un cura que le llamaban Simeón le anunció lo que tenía que pasar Cristo en el mundo».



La Tribuna. Emilia Pardo Bazán. Capítulo XVII

LA PARADA DE LOS MONSTRUOS


Más naturalismo desagradable que recuerda la película La parada de los monstruos. (*)


No por eso había menos corros de baile y canto, menos puestos de rosquillas y jinetes, menos meriendas y comilonas. Aquí se escuchaba el rasgueo de guitarras y bandurrias, más adelante retumbaba el bombo, y la gaita exhalaba su aguda y penetrante queja. Un ciego daba vueltas a una zanfona que sonaba como el obstinado zumbido del moscardón, y al mismo tiempo vendía romances de guapezas y crímenes. A pocos pasos de la gente que comía, mendigos asquerosos imploraban la caridad; un elefancíaco enseñaba su rostro bulboso, un herpético descubría el cráneo pelado y lleno de pústulas, este tendía una mano seca, aquel señalaba a un muslo ulcerado, invocando a Santa Margarita para que nos libre de «males extraños». En un carretoncillo, un fenómeno sin piernas, sin brazos, con enorme cabezón envuelto en trapos viejos, y gafas verdes, exhalaba un grito ronco y suplicante, mientras una mocetona, de pie al lado del vehículo, recogía las limosnas. En el aire flotaban los efluvios de dos toneles de vino que ya iban quedando exangües, y el vaho del estofado, y el olor de las viandas frías. Oíanse canciones entonadas con voz vinosa, y llantos de niños, de los cuales nadie se cuidaba.

Componíase el círculo en que figuraba Amparo de muchachas alegres, que habían esgrimido briosamente los dientes contra una razonable merienda. Allí estaba la Comadreja, a quien no era posible aguantar de puro satisfecha y vana, porque tenía en Marineda al capitán de la Bella Luisa, y si él no había querido convidarse a merendar «por el aquel del bien parecer», contaba con que la acompañaría al final de la función. Allí también Guardiana, penetrada de alegría por otra causa diversa: porque había traído consigo a dos de sus pequeños, el escrofuloso y la sordo-mudita; en cuanto al mayor, ni se podía soñar en llevarlo a sitio alguno donde hubiese gente, porque le entraba enseguida la «aflición». La niña sordo-muda miraba alrededor, con ojos reflexivos, aquel mundo del cual sólo le llegaban las imágenes visibles; por su parte el niño, que ya tendría sus trece años, y que hubiera sido gracioso a no desfigurarlo los lamparones y la hipertrofia de los labios, gozaba mucho de la fiesta, y se sonreía con la sonrisa inocente, semi-bestial, de los bobos de Velázquez. Guardiana no se mostró muy comedora: los mejores bocados los reservó para sus hermanos, y ella manifestó poco apetito.





La Tribuna. Emilia Pardo Bazán. Capítulo XV

domingo, 25 de agosto de 2024

DETERMINISMO BIOLÓGICO



La escuela de novela naturalista que abrazó la Pardo Bazán, a imitación de Emilio Zola, siempre fue criticada en España por su franca descripción de los hechos de naturaleza más desagradables y horrendos.  Además, la idea de que los seres humanos venimos determinados en buena medida por nuestras herencias biológicos y del medio social que nos tocó en suerte.  Aquí podemos ver una muestra canónica.

Capitulo XI. La Tribuna, 1883



Por derecho propio, Amparo pertenecía a aquel taller privilegiado.

Encontró en él muy buena acogida y dos amigas: a la una se aficionó de suyo, movida de un instinto protector; llamábanle Guardiana, era nacida al pie del santuario de Nuestra Señora de Guardia, tan caro a Marineda; y según ella misma decía, la Virgen le había de dar la gloria en el otro mundo, porque en este no le mandaba más que penitas y trabajos. Guardiana era huérfana; su padre y madre murieron del pecho, con diferencia de días, quedando a cargo de una muchacha de dos lustros de edad, cuatro hermanitos, todos marcados con la mano de hierro de la enfermedad hereditaria: epiléptico el uno, escrofulosos y raquíticos dos, y la última, niña de tres años, sordo-muda. Guardiana mendigó, esperó a los devotos que iban al santuario, rondó a los que llevaban merienda, pidiéndoles las sobras, y tanto hizo, que nunca les faltó a sus chiquillos de comer, aunque ella ayunase a pan y agua. Al raquítico dio en abultársele la cabeza, poniéndosele como un odre: fue preciso traerle médico y medicinas, todo para salir al cabo con que era una bolsa de agua, y que la bolsa se lo llevaba al otro mundo. A bien que el médico no sólo se negó a cobrar nada, sino que, compadecido de Guardiana, tuvo la caridad de meterla en la Fábrica, que fue como abrirle el cielo, decía ella. Después de la Virgen de la Guardia, la Fábrica era su madre. Nunca le había faltado nada a sus pequeños desde que era cigarrera, y aún le sobraban siempre golosinas que llevarles; fruta en verano, castañas y dulces en invierno. 





RNM. Se aprecia el acúmulo de líquido cefalorraquídeo en los ventrículos cerebrales.

sábado, 24 de agosto de 2024

PERMISO DE LACTANCIA


En la novela de Emilia Pardo Bazán, La tribuna (1883), que relata la vida de las cigarreras en la fábrica de tabacos de La Coruña y durante los años de La Gloriosa de 1868, vemos la vida de estas trabajadoras afanosas. Y no nos sorprenden la dureza de sus horas de trabajo, sin permisos de lactancia ni otras ventajas del siglo XXI. 
Se trata de la primera novela de tema obrero de la literatura española y es considerada primer ejemplo del naturalismo a lo Zola.
En el capítulo XI podemos leer:


Preponderaban en el taller de pitillos las muchachas de Marineda: apenas se veían aldeanas; así es que abundaban los lindos palmitos, los rostros juveniles. Abajo, la mayor parte de las operarias eran madres de familia, que acuden a ganar el pan de sus hijos, agobiadas de trabajo, rebujadas en un mantón, indiferentes a la compostura, pensando en las criaturitas, que quedaron confiadas al cuidado de una vecina; en el recién, que llorará por mamar, mientras a la madre la revientan los pechos de leche... Arriba florecen todavía las ilusiones de los primeros años y las inocentes coqueterías que cuestan poco dinero y revelan la sangre moza y la natural pretensión de hermosearse. La que tiene buen pelo lo peina con esmero y gracia, que para eso se lo dio Dios; la que presume de talle airoso se pone chaqueta ajustada; la que sabe que es blanca se adorna con una toquilla celeste.